lunes, 5 de diciembre de 2011
La influencia de la fotografía
Si hay una innovación tecnológica que ha influido en la pintura impresionista, esa es sin duda la fotografía. La captación fotográfica de imágenes reales progresó espectacularmente hacia la mitad del s.XIX, desde los experimentos de daguerrotipia en 1839, hasta las primeras cámaras portátiles (con el invento de George Eastman de la película flexible en 1884). Monet tuvo hasta cuatro cámaras, y Degas experimentó con una de las primeras cámaras portátiles de Kodak.
La fotografía permitía captar con total fidelidad las luces efímeras de los paisajes y el quehacer cotidiano de la gente. Pero la pintura de los impresionistas explotaba las cualidades del medio, como el color, que la fotografía de la época no podía igualar.
Al ofrecer diversas versiones de un mismo estímulo con apariencias distintas, la fotografía animó a los impresionistas a investigar sobre fenómenos perceptivos relacionados con el color, antes que a hacer estudios descriptivos de la realidad. Para los impresionistas la experiencia personal, y cómo se sentían sobre ella, era más importante que la propia realidad. (Pueden verse las series de Monet sobre la catedral de Ruán, o las de Pissarro sobre el bulevar de Montmartre).
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La influencia del color en el impresionismo
Los impresionistas aprendieron mucho acerca del uso de los colores estudiando las obras de Delacroix. Delacroix hacía un uso sorprendente de los contrastes entre los complementarios, llegando a abandonar de su paleta los colores terrosos. Los impresionistas también aprendieron de Delacroix que mezclando los colores con el blanco se obtenía mayor luminosidad, y que las sombras se pueden conseguir yuxtaponiendo colores entre sí, sin utilizar el negro.
El origen del termino
La palabra “Impresionismo”, en tanto que utilizada para referirse a un movimiento artístico, tiene un origen muy concreto, que se remonta al año 1874. En efecto, en abril de ese año un grupo de artistas funda una «Sociedad anónima cooperativa de artistas pintores, escultores, grabadores, etcétera».
Lo que estos artistas tenían en común era su desprecio por el arte tradicional oficial en favor de nuevas formas de expresión artística mucho más innovadoras. Tenían en común que sus obras habían sido reiterada y casi sistemáticamente rechazadas por los distintos jurados de tendencia conservadora de las muestras oficiales del Salon. Como hemos visto, conseguir el éxito en el Salon era casi la única manera que tenían los pintores de ganarse la vida con una cierta holgura.
Dada la mentalidad conservadora, enemiga de innovaciones y cambios bruscos, de los jurados del Salon, ese grupo de artistas, encabezados por Monet, Renoir, Degas, Pissarro, Sisley y Morisot se encontraron en la tesitura de renunciar o bien a su nueva forma de expresión artística para satisfacer los gustos academicistas del Salon, o bien seguir fieles a sus revolucionarios planteamientos artísticos y tratar de defenderlos al margen de las muestras anuales del Salon.
En respuesta a este dilema, los artistas conocidos por formar el «grupo de Batignolles» bajo el liderazgo intelectual de Manet, decidieron agruparse más formalmente que las tertulias del café «Guerbois» de los jueves, y organizar una muestra con sus obras. Aunque Manet fue invitado a participar a lo largo de los años, en varias de estas muestras independientes, siempre rehusó la invitación, soñando con un éxito en los círculos oficiales que le tardó en llegar y que seguramente no fue tan sonado como le hubiera gustado.
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Características del impresionismo.
En este apartado de nuestro estudio del Impresionismo analizaremos los rasgos definitorios del trabajo de estos artistas. En efecto, los impresionistas supieron construir un nuevo lenguaje pictórico empleando nuevos recursos pictóricos apenas aplicados en obras anteriores a ellos. En nuestro repaso de las características definitorias del Impresionismo, nos detendremos, en primer lugar, en el Origen del termino impresionismo. Posteriormente analizaremos brevemente la influencia de la teoría del color, de la fotografía, y de las estampas japonesas sobre el arte impresionista. Finalizaremos con un repaso de las características que definen a la actitud impresionista de entender la pintura.
domingo, 4 de diciembre de 2011
edouard manet
Edouard Manet es uno de esos pintores difíciles de encasillar en un estilo. Fue un gran innovador por los temas que elegía y por el tratamiento pictórico que les daba. Supo combinar de un modo original la influencia de los grandes maestros de la tradición con temas contemporáneos que le llevaron a ser considerado por Baudelaire como «el pintor de la vida moderna».
En nuestro estudio del estilo de Manet y de su influencia comenzaremos con una introducción, y posteriormente analizaremos algunas obras representativas: La merienda campestre, Olimpia, Monet pintando en su estudio flotante, y, por último, Bar del Folies-Bergère.
Aunque se le suele considerar como un claro precursor del Impresionismo, la relación de Manet con los pintores de este grupo no deja de tener contradicciones. Por ejemplo, nunca participó en las exposiciones organizadas por los impresionistas, aunque durante una época se reunía con frecuencia con ellos en el café Guerbois, y llegó a ser considerado por la revista Les Contemporains como «el Rey de los Impresionistas». Siempre mantuvo una buena relación de amistad con Monet, Renoir, Degas, Pissarro, Sisley..., pero el afán que mantuvo a lo largo de su vida por conseguir reconocimiento en los círculos artísticos oficiales representados por el Salon le llevó a no participar de las mencionadas exposiciones impresionistas.
Manet pertenecía a una familia de la alta burguesía parisina: su padre era un alto funcionario del Ministerio de Justicia y su madre hija de un diplomático. Aunque su padre quería que el joven Edouard se dedicara a la abogacía, su hijo quiso ingresar en la Academia Naval, pero fue rechazado en dos ocasiones. Es entonces cuando solicita, y consigue, el permiso paterno para dedicarse a la pintura, e ingresa en 1849, como alumno, el taller de Couture. Couture, por aquel entonces había conseguido triunfar en el Salon, y tenía un método de enseñanza que se complementaba con visitas al museo del Louvre, donde Manet admiraba y copiaba con entusiasmo obras de Delacroix, Velázquez, Goya, Giorgione o Tiziano.
La merienda campestre, la compuso Manet en 1863, cuando ya había abandonado el taller de Couture. La presentó al Salon de ese año, pero fue rechazada por considerarse escandalosa. Sí se pudo exponer en el «Salon de los Rechazados» que constituyó Napoleón III ese mismo año.
Boudin y Jokind
Hay dos pintores con una enorme influencia directa en la formación artística de algunos pintores impresionistas, especialmente de Monet. Se trata del francés Eugéne Boudin y del holandés Johann-Barthold Jongkind. Ambos artistas coinciden en que se dedicaron principalmente al género pasajístico, dando gran importancia en sus obras al cielo y al agua. También coinciden en que pasaron una fértil etapa de sus carreras artísticas a principios de la década de 1860 pintando ambos, junto con un joven Claude Monet, paisajes de la costa de Normandía.Dedicaremos una sección primero a la influencia de Boudin sobre los impresionistas, y otra a la de Jongkind.
- Boudin (1824-1898)
Eugene Boudin creció en El Havre, en la costa normanda, y suele presentarse como un artista autodidacta, indepediente de los círculos artísticos parisienses que dominaban el arte durante la segunda mitad del s.XIX. Ya muy joven trabó contacto con algunos pintores consagrados, como Couture, y otros de la escuela de Barbizon (como Troyon o Millet), que apreciaron su capacidad artística y le animaron a dedicarse a la pintura.
A los 23 años viaja a París, donde copia obras de los grandes maestros del pasado en el Louvre. Siente especial predilección por los paisajistas holandeses del s. XVII. De vuelta a su tierra natal comienza a pintar al aire libre, en contacto directo con la naturaleza, y pronto muestra verdadera pasión por pintar escenas marítimas (su padre era marino) de la costa normanda. En estas escenas de playa capta no sólo el mar y los barcos, sino las gentes que acuden a la orilla del mar para descansar.En torno a 1858, cuando Boudin tenía 34 años, conoce a un joven Monet de 17, que ya era muy conocido en la ciudad normanda de El Havre por su habilidad para dibujar caricaturas. Según cuenta Rewald, Monet recuerda así el primer consejo que recibió de Boudin:
«Estudie, aprenda a ver y a pintar, dibuje, haga paisajes. Es tan bello el mar y los cielos, los animales, la gente y los árboles, tal como los hizo la naturaleza, con su carácter, su verdadera manera de ser, en la luz, en el aire, tal como son».
En la obra que comentamos a continuación aparece un tema típico en Boudin: unos bañistas pasando un apacible tiempo de ocio en la playa de Trouville (Normandía), bajo un cielo nublado pero muy claro. Los personajes están perfilados con rápidas pinceladas que recuerdan claramente el modo impresionista de trabajar.
En esta obra de Boudin, como la mayoría de las que pintó durante la década de 1860, la ejecutó el artista al aire libre sobre un panel de madera preparado con una fina base de pintura blanca. Al parecer, Boudin no acostumbraba a esbozar un dibujo con los elementos básicos de la escena, sino que acometía directamente el trabajo sobre la tabla. Esto confiere a la obra una frescura muy apropiada para representar la brillante atmósfera y la brisa de la playa.
La línea del horizonte está baja, de forma que el cielo ocupa los dos tercios superiores de la escena. Boudin ejecuta el cielo a base de suaves pinceladas de gris azulado. Así el artista consigue “atrapar” mejor la cambiante atmósfera que debe haber observado. La capacidad de Boudin para pintar cielos era muy apreciada por sus coetáneos.
Boudin consigue la ilusión de profundidad jugando con el tamaño relativo de los personajes (los del fondo a la derecha, más pequeños-alejados).
Al fondo se aprecia el mar, con un velero. Es significativa la diferencia en el tratamiento de la luz reflejada en el mar en la parte izquierda, y en la derecha, cerca de donde se supone que brilla el sol detrás de las nubes.
Jongkind (1819-1891)
Johann-Barthold Jongkind fue un pintor holandés nacido en 1819 que se formó en la Academia de La Haya, bajo la dirección de Andreas Schelfhout, quien le incita al estudio de la naturaleza. Junto con el paisajista francés Eugéne Isabey descubre la costa normanda sobre 1847, y se dedica durante esos años a pintar vistas de París, la costa normanda y su Holanda natal.
Entre 1855 y 1860 sufre una crisis personal que trata de superar en Holanda. Sin embargo, sus amigos franceses le ayudan a recuperar la confianza en sí mismo y retorna a pintar en Normandía. En 1862 Monet conoce casualmente a Jongkind pintando en una playa normanda, y pronto se lo presenta a Boudin. Entre 1862 y 1865 era fácil ver a los tres artistas como compañeros de sesiones de trabajo al aire libre cerca del mar.
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